SOLOGUREN. MIRKO LAUER


Sologuren es, en la ruta seguida por Mirko Lauer, una estación en la que confluyen la ilusión y el desengaño por la escritura de poesía. El libro encierra un homenaje al poeta que fue amigo y maestro, no solo porque su figura sirve de marco de referencia al protagonista en más de un pasaje, sino porque también, a la manera del propio Sologuren, Lauer indaga en la poesía mientras hace poesía. La creación no se distingue de la reflexión. Esto no implica que siempre se obtenga respuestas. Por el contrario, surgen mayores interrogantes. El primer verso, aquel que abre el libro, encarna tal dicotomía: «La poesía ha reaparecido, no dice cómo». Y en la búsqueda de ese sentido, la voz poética se desdobla y explora (recorre otra vez), con una conciencia más cuestionadora, los episodios —hayan ocurrido en la más simple cotidianidad o al enfrentar el espectáculo de la naturaleza— en los que la poesía se le manifestó, sutilmente o no. Al final, necesitado de certezas, Lauer procura el reencuentro con algunas figuras de la poesía del siglo xx, tanto nacionales como extranjeras. Los retratos que construye de cada uno le permiten reconocerse y reconciliarse con la poesía, así como, al fin, aceptarla.




LA POESÍA HA REAPARECIDO...


La poesía ha reaparecido, no dice cómo. 
                       La cosa
Es que llega y acomoda sus letras,
Más que sus palabras o sus frases, 
Y por las noches suelta un silbido asmático 
           Que la presenta al alba
Desordenada o no sobre la página.

              Ha vuelto
Con una claridad de la que no sé nada, 
Fácil como un plagio, sucia
Como si hubieran frotado
             Sin éxito contra sus versos,
Cincuenta borradores. 

                                Simplicissimus
Antes no estaba, y ahora está
En la punta del lápiz HB2,
En páginas tentativas de una libretita,
En la fantasía de un libro definitivo.
             Yo dejo que me estafe
Haciéndome sentir que es una poesía nueva,
             Joven, renacida,
Con versos que no duelen,
Que no van a regresar a perseguirme.

Pero todo es late style
la poesía de un viejo construida 
Con la constante negación 
               De sus locuras juveniles.
Con la vanidad de esas traiciones
Evita imaginar lectores, y ya no explora
Valiosos lenguajes de la juventud. 
Hoy reliquias traspapeladas en antiguos cajones.


¿Volvió para quedarse? No se sabe, 
Pues de nada depende,
                  De nada azul, de nada plateado.
                  Para Sologuren 
Todo estaba en el diccionario, 
Esa sala de espera de los significados, 
Donde hay palabras que pueden matar poemas
                   O salvarlos. 

«Nunca dejes de ser poeta», me decía.
                  Pero yo aprendí
Que todo está en el tiempo dedicado
A tratar de no escribir poesía.

Ya está aquí otra vez. ¿Cómo tratarla?
                  Como siempre,
No consumándola, dejándola partir 
Convertida en silencio, 
                  Tiras de tinta, 
Rastro de sueños sin aroma.
                   Pero también el hedor 
de los poemas no escritos
Puede ser insoportable.

Podría ser peor. La poesía
                              Podría haber vuelto 
Recitada a través
De alguno de mis agujeros,
Profanando mi cuerpo en su llegada.
Bajando por la boca pastosa, subiendo
Por las súbitas catedrales de aire,
                         Instalándose 
En mis oídos hambrientos de música.
Poesía hasta por los poros, 
               Por así decirlo.

          Un verso de Sologuren: Poesía
No me niegues tus dones / por más tiempo
               ¿Sabía
Lo que estaba escribiendo?




ZEPPELIN ARDIENDO


Sologuren se acercaba a esas páginas del diccionario
Como a las puertas abiertas de un discurso en llamas,
El lomo quebrado, la tinta tizne,
Las serifas largas como inquietantes colmillos.
Había una tristeza gramátical.
Al otro extremo de ese incendio
Que era el puro deseo de rescatar palabras
Del naufragio de lo comprendido.
Bancas vacías disponibles bajo ordenados árboles.
La goma del molle flexible como un moco,
El excesivo amarillo de la retama,
Lo ubicaban en el espacio del silencio.
Cenizas del ennegrecido tomo invitan
A lamentar la deriva de las definiciones:
El poético momento en el que nadie dice nada
Y todo está a la vista, y pese a todo.




Mirko Lauer (Žatec, República Checa, 1947). Un libro de poesía cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo en el diario La República, todos los días. Cinco libros sobre gastronomía, pronto seis. Chevalier de l´Ordre des Arts et des Lettres. Teoría de las artes visuales. Natación, casi a diario. Tres novelas cortas. Codirección de la revista Hueso húmero. Muy poco Twitter. Cero Facebook. Una tésis doctoral y cuatro libros sobre poesía vanguardista. Destacan sus poemarios Ciudad de Lima (1968), Sobre vivir (1984), Trópical cantante (2000), Alcools (2013).

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